
Los agentes de IA están pasando de ser asistentes pasivos a tomadores de decisiones autónomos, lo que genera un nuevo cuello de botella fundamental: el contexto. El rendimiento de un agente depende ahora menos de su modelo subyacente y más del contexto sobre el que puede razonar. Lamentablemente, las arquitecturas tradicionales data solo recogen el estado actual de las operaciones, pasando por alto por completo el razonamiento tácito y los precedentes históricos que residen en la mente de las personas y en las conversaciones fragmentadas.
Para subsanar esta carencia, las empresas deben sentar unas bases de tres niveles que incluyan:
- Gráficos de conocimiento que reflejan los conocimientos de la empresa, conectando entidades dispersas en redes navegables.
- Ontologías que definen el significado de estas conexiones, estableciendo reglas semánticas comunes y límites operativos estrictos.
- Gráficos de contexto que reflejan cómo toma realmente las decisiones la organización, registrando el historial de las decisiones, las excepciones a las políticas y las cadenas causales a lo largo del tiempo.
Mientras que el software diseñado para personas refleja lo que es cierto en la actualidad, el software diseñado para agentes debe reflejar cómo se llegó a esa verdad. En última instancia, la próxima década de la IA empresarial la ganarán aquellas empresas que cuenten con el mejor contexto.
Autores

Florencia Bénézit
Socio y Jefe Global de Fabricación
Artefact Francia
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