Lunes, 13 de julio de 2026 | por Keren Lentschner
La carrera hacia el artificial intelligence no ha sido precisamente un camino de rosas para Meta. A principios de julio, durante una reunión interna con toda la plantilla, Mark Zuckerberg expresó su frustración por el lento arranque de la empresa, a pesar de los agresivos cambios estratégicos decretados en los últimos meses, según una grabación de audio obtenida por Reuters. “En retrospectiva, la trayectoria del desarrollo de agentes de IA (software diseñado para ejecutar tareas de forma autónoma) durante al menos los últimos cuatro meses no se ha acelerado realmente al ritmo que esperábamos”, se lamentó el director ejecutivo.
El cambio de rumbo hacia una estrategia “AI-First”, que incluyó 8.000 despidos a finales de abril (el 10% de su plantilla), junto con la reasignación de 7.000 empleados a iniciativas relacionadas con la inteligencia artificial en productos, servicios y sistemas agenticos, distó mucho de ser un proceso fluido y está teniendo dificultades para “dar sus frutos”, tal y como reconoció el director ejecutivo de Meta. Además, la dirección ejecutiva calculó mal el calendario de estos cambios estructurales. Tras haber creado recientemente el cargo de director de Data para acelerar la ejecución, Zuckerberg estima ahora que Meta podría empezar a ver resultados tangibles de la reestructuración en un plazo de tres a seis meses.
Las sinceras declaraciones de Zuckerberg ponen de relieve la enorme importancia que el gigante de las redes sociales ha otorgado a la IA. En medio de una feroz carrera armamentística contra Google, OpenAI y Anthropic, Meta ha situado esta tecnología emergente en el centro de su estrategia corporativa. La empresa prevé unos gastos de capital en inteligencia artificial de entre $125 mil millones y $145 mil millones este año (que abarcan la investigación básica, la construcción de centros por valor de data y la adquisición de chips de última generación), lo que supone el doble de lo gastado el año pasado. El otoño pasado, Meta completó una emisión récord de bonos por valor de $30 mil millones para financiar esta agresiva estrategia de gasto y, según se informa, está barajando la posibilidad de realizar una oferta de acciones.
Algunos accionistas se muestran cada vez más inquietos ante la enorme magnitud de estos gastos y la capacidad de Meta para generar rentabilidad. La empresa tiene dificultades para convencer a los inversores de las ventajas de su estrategia. Aunque sus nuevas herramientas publicitarias potenciadas por IA han impulsado un crecimiento gradual de los ingresos publicitarios, Meta sigue muy por detrás de sus rivales a la hora de consolidarse como una fuerza dominante en el ámbito de la IA para consumidores (a través de su asistente Meta AI) o en soluciones empresariales. Por otra parte, las ventas de sus gafas inteligentes con tecnología de IA aún no han logrado alcanzar un éxito generalizado. En los últimos 18 meses, la cotización de la acción ha experimentado una gran volatilidad; con un valor de $1,7 billones, Meta ha salido del grupo de las diez empresas con mayor capitalización bursátil del mundo, tras perder más de 7% de su valor de mercado durante el último año.
“Los inversores consideran que Meta carece actualmente de una orientación clara”, afirma Hanan Ouazan, director de estrategia de IA en la consultora Artefact. “La empresa está teniendo dificultades para conciliar su ambición a largo plazo (alcanzar la superinteligencia, apostar por la infraestructura e integrar la IA en la publicidad para impulsar la monetización) con las presiones del mercado a corto plazo para obtener un retorno de la inversión (ROI) de su enorme gasto en activos fijos”.”
Hace un año, Meta convirtió la búsqueda de una “superinteligencia” a nivel humano en una prioridad absoluta y creó un laboratorio de investigación específico para este proyecto. Según se ha informado, Zuckerberg se sintió desconcertado por los decepcionantes resultados obtenidos en las pruebas comparativas de su modelo de lenguaje Llama 4, cuyo rendimiento quedó por detrás del de la competencia, lo que provocó una reorganización a gran escala de sus equipos de investigación.
Zuckerberg no escatimó en gastos el año pasado, ofreciendo lucrativas primas de contratación y paquetes retributivos por valor de cientos de millones de dólares para captar a los mejores talentos de Silicon Valley. Asimismo, invirtió $14 mil millones para adquirir una participación del 50% en Scale AI, asegurándose así los servicios de su fundador, Alexandr Wang, para que dirigiera el Superintelligence Lab, el proyecto insignia de Meta. Sin embargo, este cambio provocó dimisiones de gran repercusión, entre ellas la del reconocido informático francés Yann LeCun y la de miembros clave de su equipo, quienes dimitieron para fundar AMI Labs con el fin de explorar los “modelos del mundo”, un paradigma alternativo en la investigación sobre IA.
Sin embargo, la implantación de los modelos de IA de próxima generación ha sufrido retrasos. Meta sufrió un grave revés con su desafortunada adquisición de Manus, una startup china especializada en IA agentiva que compró por $2 mil millones el pasado diciembre, en un mercado en plena efervescencia. Apenas cuatro meses después, Pekín vetó la operación, lo que obligó a Meta a abortar un proceso de integración que ya estaba en marcha.
Mientras tanto, Muse Spark (el primer modelo creado por el Laboratorio de Superinteligencia de Meta y presentado como el más potente hasta la fecha) hizo por fin su debut en abril. Posicionado como “intencionadamente compacto y rápido, pero dotado de capacidades de razonamiento suficientes para consultas científicas, matemáticas y sanitarias”, le siguió el 7 de julio Muse Image, un modelo generativo de síntesis y edición de imágenes integrado en Instagram, WhatsApp y el asistente de IA de Meta en EE. UU. Sin embargo, su lanzamiento suscitó de inmediato polémicas en materia de privacidad: a menos que los usuarios modifiquen explícitamente su configuración de privacidad, terceros pueden manipular fotos públicas de Instagram utilizando IA generativa sin el consentimiento de sus autores.
Al mismo tiempo, Meta sigue invirtiendo capital en infraestructura informática, con el inicio de las obras de un gigantesco complejo de centros de datos de $10 mil millones y data en Misisipi, así como de una instalación de $9 mil millones en Canadá. Además, está desarrollando conjuntamente aceleradores de IA propios en colaboración con Broadcom.
Estos reveses han minado la moral interna del gigante de Menlo Park. Meta se enfrenta a un descontento generalizado entre sus empleados, derivado de los despidos de primavera, la salida de directivos y las polémicas prácticas de vigilancia en el lugar de trabajo. Un software implantado en abril registraba las pulsaciones de teclado y los movimientos del ratón de los empleados para generar datos de entrenamiento data destinados a los agentes de inteligencia artificial. El descubrimiento de que los empleados estaban entrenando, sin saberlo, sistemas autónomos diseñados para sustituirlos provocó una intensa reacción interna, lo que finalmente obligó a Meta a desinstalar el software el mes pasado.
En este contexto, Meta está apostando con fuerza por vías alternativas para monetizar sus modelos, aprovechando su principal ventaja competitiva: impulsar la participación y el intercambio de contenidos entre sus 3.500 millones de usuarios de redes sociales y mensajería. A finales de junio, el gigante tecnológico lanzó discretamente Pocket, una aplicación que permite a los usuarios crear minijuegos mediante sencillas instrucciones en lenguaje natural, lo que elimina las barreras técnicas para la creación de juegos. Los usuarios pueden descubrir y disfrutar de estas experiencias interactivas generadas por los propios usuarios directamente en sus feeds.
Pocket se basa en la tecnología de Gizmo, una startup de videojuegos en línea que Meta adquirió a principios de este año y que, según Appfigures data, cuenta con 635 000 descargas acumuladas. La aplicación se posiciona como una “plataforma creativa para crear y compartir gizmos”, término con el que se refiere a los objetos de software interactivos.
Pocket no es el único experimento de Meta dirigido al consumidor. Según se ha informado, Zuckerberg ha dado luz verde al desarrollo de una aplicación de apuestas predictivas. Con el nombre en clave de “Arena”, este proyecto secreto se inspira en controvertidas plataformas de predicción como Polymarket y Kalshi (prohibidas en Francia), que permiten a los usuarios realizar apuestas especulativas sobre acontecimientos de actualidad del mundo real. Según The New York Times, Meta se ha fijado como objetivo alcanzar los 100 millones de usuarios activos mensuales, centrándose específicamente en el grupo de edad de 18 a 34 años. Meta pretende hacerse con una cuota del floreciente mercado de las predicciones, que generó un volumen de transacciones estimado de $44 mil millones el año pasado, al tiempo que utiliza la aplicación para impulsar una mayor participación y el intercambio entre plataformas hacia sus servicios principales.
“Al integrar las aplicaciones de IA en los bucles sociales, Meta está intentando crear dinámicas de comportamiento data para perfeccionar la publicidad targeting”, explica Hanan Ouazan. “Se trata de una estrategia directa para rentabilizar sus inversiones en IA. Meta sigue siendo una de las pocas entidades que cuenta con datos de telemetría de los consumidores sin precedentes en todo su ecosistema”.”
Además, el conglomerado tecnológico está explorando el sector de la infraestructura empresarial como una nueva fuente de ingresos. Según Bloomberg, Meta está barajando la posibilidad de entrar en el lucrativo mercado de cloud alquilando a terceros la capacidad de cálculo de las GPU sobrantes de sus centros de data. También está contemplando la comercialización del acceso mediante API a sus modelos de IA propios, gestionando la infraestructura subyacente y facturando a los desarrolladores en función del consumo.
En una conferencia sobre resultados celebrada en mayo, Zuckerberg indicó a los inversores que una oferta de infraestructura cloud estaba “sin duda sobre la mesa”. Señaló: “Casi cada semana, las empresas se ponen en contacto con nosotros para solicitarnos que alojemos plataformas de IA o que les vendamos capacidad de cálculo a un precio superior a nuestro coste de base”. Esto supone un cambio estratégico para el fundador, quien anteriormente acaparaba recursos de cálculo para mantenerse a la cabeza en la carrera por la IA. “Obviamente, si llegamos a un punto en el que hayamos aprovisionado un exceso de capacidad más allá de nuestras necesidades internas, la monetización a través del acceso cloud se convierte en una opción muy atractiva, lo que nos da una mayor convicción para invertir más de lo necesario en infraestructura”, añadió.
Este giro situaría a Meta en competencia directa con los líderes del sector de hiperescala cloud —Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure y Google Cloud—, siguiendo un modelo similar al de SpaceX, que recientemente ha comenzado a alquilar capacidad de centros data a Anthropic, Google y Reflection AI. “Se trata de un mecanismo de reducción de riesgos diseñado para tranquilizar a Wall Street: si Meta no consume toda su capacidad de computación internamente, puede monetizar el excedente”, señala Ouazan. “Sin embargo, si Meta intenta comercializar modelos propios de pago, su diferenciación competitiva frente a ofertas ya consolidadas como ChatGPT, Gemini o Claude sigue siendo cuestionable”.”
Wall Street reaccionó positivamente a la publicación de los resultados, y las acciones de Meta se dispararon más de 7% al abrirse la sesión al día siguiente.

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