Estimados lectores: ¿Recuerdan cuando la IA general (GenAI) solo se dedicaba a crear imágenes divertidas de gatos? Julio de 2026 nos ha hecho saber que esos días ya han quedado muy atrás. Actualmente nos encontramos inmersos en una especie de delirio febril marcado por la voz full-duplex, los agentes autónomos que se infiltran en Wall Street y los gigantes tecnológicos que se disputan la propiedad del “bucle cognitivo”.”
Tanto si es usted un director técnico que está tratando de planificar su infraestructura como si simplemente es alguien que se pregunta por qué su teléfono de repente traduce 70 idiomas en tiempo real, le ofrecemos un análisis detallado de por qué la era de los “chatbots superficiales” acaba de llegar a su fin.
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Nuevos modelos e innovaciones

Reflexiones de Víctor Coimbra

La mayoría de los directores técnicos (CTO) en 2026 están desarrollando su estrategia de IA únicamente en la superficie visible —adquiriendo licencias de Copilot y de chatbots—, mientras que el verdadero trabajo estratégico se encuentra en las capas más profundas y menos visibles de la pila tecnológica. El marco básico describe a una empresa nativa en IA como un conjunto de cuatro capas:
1) Solicitud – donde se unen las personas y la inteligencia artificial (chatbots, copilotos, agentes). Es fácil adquirir estos productos y presupuestarlos, pero resulta complicado diferenciarse en este ámbito, ya que todos los competidores los compran a los mismos proveedores.
2) Plataforma de IA – lo que la IA sabe y es capaz de hacer (indicaciones, bibliotecas de habilidades, recuperación de información/RAG, protocolos de conexión, memoria persistente). Esto es lo que convierte a un chatbot en un agente que actúa dentro de la empresa.
3) Infraestructura de LLM – cómo se distribuyen, gestionan y optimizan en cuanto a costes los modelos (modelos de vanguardia frente a modelos pequeños/ajustados con precisión frente a modelos especializados frente a modelos periféricos).
4) Hardware – dónde se ejecutan físicamente los modelos y quién controla esa capacidad de cálculo (hiperescalador, infraestructura privada de cloud, en las propias instalaciones, chips personalizados).
Tres presiones están haciendo que los directores técnicos pasen a un segundo plano: presión de la plataforma (la capa de la plataforma es ahora fundamental, y no opcional, para cualquiera que pase de la fase piloto a la implantación de agentes), presión sobre los costes (las subvenciones para la investigación pionera están llegando a su fin; según se ha informado, Uber agotó todo su presupuesto para modelos de lenguaje grande (LLM) de 2026 en cuatro meses), y presión sobre la soberanía (La residencia data, la Ley de IA de la UE y la geopolítica están convirtiendo el hardware en una cuestión que compete a los consejos de administración, sobre todo porque la infraestructura de IA ejecuta procesos de inteligencia que toman decisiones, y no se limita a la computación básica).
La secuenciación bate la cobertura esa es la recomendación principal. El argumento no es que cada empresa deba controlar todas las capas: algunas posiciones sólidas se consiguen aprovechando deliberadamente las abstracciones de los hiperescaladores y concentrando la inversión en otros ámbitos.
Lo importante es que la elección sea deliberado en lugar de un valor por defecto. La secuencia adecuada depende del arquetipo de la empresa: las startups y las empresas especializadas se centran en las aplicaciones y la plataforma; las corporaciones multirregionales (bienes de consumo envasados, farmacéuticas, del ámbito jurídico y sanitario) se extienden hacia la plataforma; los sectores de alta madurez (finanzas, telecomunicaciones, empresas nativas digitales) ya están tomando decisiones sobre la infraestructura; y las grandes empresas tecnológicas, la administración pública y la fabricación especializada toman decisiones reales sobre el hardware.
Se trata de un replay del Transición cloud – la cuestión de 2012 “¿AWS o no?”, que derivó en una decisión sobre la arquitectura por capas en 2018 –, pero en un plazo reducido de tres a cuatro años, en lugar de una década.
Las tres medidas recomendadas para los directores técnicos este año: Otorgue a la capa de la plataforma de IA la responsabilidad explícita (el contexto es la parte de la pila cuyo coste no disminuye), incluya los aspectos económicos de la inferencia en la agenda trimestral (enrutamiento, modelos más pequeños, e incluso la exploración del entrenamiento interno) y reconsidere deliberadamente las opciones de hardware e infraestructura, incluso si la respuesta sigue siendo “hiperescalador, por el momento”. La distinción final: los directores técnicos que se limitan a la capa visible acaban gestionando herramientas; aquellos que miran más allá de la superficie acaban gestionando la capacidad cognitiva —la elección radica en si se quiere ser un director técnico operativo o estratégico—.






