Aparece el Propietario de Proceso Agenético (APO), una evolución de la función de Propietario de Producto que va más allá de la entrega funcional para asumir la propiedad de los procesos empresariales subyacentes. El APO no se limita a ofrecer funcionalidades, sino que entiende qué permite el producto, dónde encaja en el proceso integral y cómo mejorarlo con el tiempo.
Su trabajo comienza con el descubrimiento adecuado del usuario, a través de la escucha activa, el cuestionamiento cuidadoso y el compromiso real con el campo. Pero no se detiene ahí. Los APO también se toman su tiempo para analizar cómo funciona el proceso en general: no solo para insertar AI encima, sino para replantearse cómo podría funcionar de otra manera. El objetivo no es automatizar pasos rotos, sino rediseñar el flujo pensando en la inteligencia, la eficiencia y la creación de valor.
Y lo que es más importante, se encuentran en la intersección de la empresa y la tecnología: alinear los objetivos estratégicos y los indicadores clave de rendimiento con las limitaciones reales, como la disponibilidad de data , la latencia del sistema y la complejidad de la integración. También necesitan una comprensión básica de la observabilidad y la supervisión: no para construirla ellos mismos, sino para entender cómo se mide y mejora el rendimiento de los agentes y cómo traducirlo en prioridades para el equipo.
La alfabetización en GenAI se está convirtiendo rápidamente en algo básico, y eso incluye comprender cómo funcionan los sistemas de agentes. Un APO no necesita afinar modelos por sí solo, pero debe comprender lo esencial: cuándo utilizar la generación aumentada por recuperación, cómo la orquestación de agentes cambia el diseño del proceso, qué latencia o costes de token implican para el ROI y qué barreras de seguridad no son negociables. Esto les permite informar a los equipos técnicos con claridad, plantear las preguntas adecuadas y elaborar una demostración o prototipo que demuestre concretamente el impacto. La ejecución clara, no la retórica pulida, consigue la aceptación de las partes interesadas.
En resumen, el cambio es profundo: los consultores que siguen siendo puramente descriptivos, sin capacidad para crear prototipos o medir resultados reales, corren el riesgo de quedarse obsoletos. Los APO que combinan la estrategia con la entrega tangible y demostrable se convierten en esenciales. En la era de AI generativa, el envío siempre gana a la narración.
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