El paso de simples asistentes de IA a potentes agentes multisistema refleja un profundo cambio en la forma en que las empresas aprovechan la IA generativa. En 2023, el auge de la GenAI incorporada prometía una integración perfecta en los flujos de trabajo diarios, permitiendo a los usuarios adoptar capacidades avanzadas sin alterar sus hábitos. Sin embargo, los elevados costes por usuario y la limitada personalización hicieron que muchos cuestionaran la propuesta de valor de estas soluciones de caja negra.
En 2024, la narrativa había cambiado hacia la profesionalización y la industrialización. Herramientas como Microsoft Copilot y Agentforce de Salesforce empezaron a difuminar las líneas entre la asistencia pasiva y la ejecución activa, insinuando un futuro en el que los agentes podrían hacer algo más que asistir: podrían actuar de forma autónoma. Sin embargo, estos sistemas seguían vinculados a los ecosistemas en los que operaban.
2025 puede marcar un año crucial: la aparición de agentes industrializados capaces de automatizar procesos en múltiples sistemas. Esta evolución presenta un reto crítico: la mayoría de los flujos de trabajo abarcan varias plataformas, e incrustar agentes en herramientas aisladas limita intrínsecamente su potencial. Las empresas se enfrentan a dos opciones clave. Podrían abrir sus plataformas para permitir un control más amplio de las herramientas externas, permitiendo a sus agentes orquestar procesos a través de los sistemas. Alternativamente, podrían permitir a sus agentes operar fuera de su propio ecosistema, permitiendo a los clientes recurrir a estos agentes externamente -un cambio audaz que requeriría nuevos modelos de negocio pero que podría ampliar la utilidad de los agentes de forma espectacular.
Esta trayectoria también obliga a reconsiderar los modelos de negocio SaaS. A medida que la automatización ocupa el centro del escenario, las interfaces pierden su primacía y el verdadero valor se desplaza hacia la inteligencia y la data que sustentan a estos agentes-data que, en última instancia, pertenece al cliente. La forma en que las plataformas SaaS naveguen por esta tensión entre control y apertura definirá la próxima era de la innovación.
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