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Puede que la IA ocupe los titulares, pero Vincent Luciani mantiene un perfil relativamente bajo. Sin embargo, su empresa, Artefact, es una auténtica historia de éxito en la que muchos empresarios pueden inspirarse.

De niño, Vincent Luciani era un apasionado del ajedrez. Aunque a menudo ganaba a sus amiguitos, perdía sistemáticamente contra los primeros artificial intelligence. “Así que, desde muy pequeño, me enfrenté a la IA”, sonríe este pragmático, para quien la mejor forma de dominarla... es crearla.

Cursus honorum

La suerte quiso que este parisino, hijo de un investigador de física de la Comisión Francesa de la Energía Atómica y de una editora de libros escolares, tuviera un don para las matemáticas. Tras estudiar en la Polytechnique, pasó cuatro años en McKinsey como consultor”. Guardo excelentes recuerdos de aquella época”, dice, ”cuando nos íbamos a trabajar al extranjero durante varios meses seguidos”. De Londres a Estambul, pasando por Ámsterdam y Tel Aviv, la constatación del joven es la misma: “Analizar bien data, gracias a los inicios de artificial intelligence, permite salvar modelos de negocio y mejorar los servicios, pero pocos actores se dieron cuenta de ello”.

Hacia el espíritu empresarial

En 2015, dio el paso y lanzó Artefact con Guillaume de Roquemaurel y Philippe Rolet. “En aquel momento, nadie podía decir ‘tengo 25 años de experiencia en IA’, teníamos que despejar el camino, todo era nuevo y mi juventud no era un hándicap’. Sin embargo, los primeros tiempos fueron difíciles, y Vincent Luciani recuerda los meses pasados ”predicando en el desierto“, sondeando a los clientes, cruzando París en metro con su maletín y sus ideas...

Un modelo de negocio original

La empresa despegó rápidamente gracias a un modelo de negocio original. Artefact no refleja la idea que el gran público tiene de un peso pesado de la IA: Vincent Luciani es discreto y no un gurú, la empresa se enorgullece de no recaudar fondos y no promociona su marca. Pero es un éxito.

Con sede en dos discretos edificios Haussmann a tiro de piedra de los Grands Boulevards, la empresa cuenta con unas ventas de más de 200 millones de euros, presencia en 25 países y 1.700 empleados, 60% de los cuales son internacionales. ¿El secreto de su éxito?

“Nuestro posicionamiento. Somos un actor híbrido, a la vez un grupo tecnológico y una empresa de consultoría”. Para simplificar las cosas, Artefact instala soluciones de IA directamente en las empresas, trabajando para grandes grupos como Orange, Engie, BNP, L'Oréal, pero también ETI y PYMES. Estas últimas poseen la propiedad intelectual de las soluciones creadas por su proveedor de servicios, una especie de deus ex machina. Por tanto, Artefact no es un competidor de Mistral AI, Open AI y otros grupos de medios. En cambio, los franceses compiten con Cap Gemini y Accenture en un mercado de gran crecimiento.

El grupo de Vincent Luciani rivaliza con Cap Gemini y Accenture en un mercado de gran crecimiento.

Para acelerar el desarrollo, Vincent Luciani tiene algunas reglas de oro: apostar por el crecimiento externo, contratar tantos ingenieros de ventas como desarrolladores, no tener miedo a los perfiles mejores que uno mismo. “En cierto modo, hay que intentar hacerse inútil”, bromea a medias el empresario, que recientemente nombró a un presidente ejecutivo para ocupar el puesto.

Montaña, familia y ju-jitsu

A pesar del insolente crecimiento del grupo, Vincent Luciani está decidido a no dejarse “devorar”. Hay cosas que no puede sacrificar: tiempo para su mujer y sus dos hijos pequeños, pero también para el deporte que tanto le gusta. ¿Sus pasiones? La escalada, el senderismo y el ju-jitsu brasileño. “De hecho, estoy trabajando en la apertura de un gimnasio dedicado a este deporte”, dice Vincent Luciani. Una vez empresario, siempre empresario...

Lucas Jakubowicz