Vincent Luciani, cofundador y presidente ejecutivo de Artefact, subraya que la artificial intelligence (IA) debe integrarse de forma concreta en los procesos colectivos de una empresa, si se quiere que aporte ganancias reales de productividad.
Las grandes empresas llevan años utilizando la IA. Ya ha transformado numerosas prácticas y operaciones: mantenimiento predictivo, previsión de ventas, detección de anomalías y mucho más. La IA ha mejorado el análisis, ha hecho más fiable la toma de decisiones y ha acelerado las cadenas de valor. En estos casos, se ha integrado en procesos formalizados dirigidos por unidades de negocio específicas, lo que ha tenido un impacto tangible y duradero, pero sólo dentro de dominios verticales muy concretos.
La IA generativa, en cambio, ha tomado hasta ahora un camino muy diferente: el de la utilización individual. Los propios empleados han tomado la iniciativa. En Francia, 83% ya la utilizan semanalmente, y 92% de ellos dicen estar satisfechos. Su uso varía, a menudo se trata de tareas sencillas y repetitivas propias de sus funciones, resumir documentos, redactar materiales, realizar investigaciones, reformular contenidos. De media, ahorran una hora de trabajo al día.
¿Y qué hacen con esa hora extra? El 66% afirma que lo reinvierte en interacciones más enriquecedoras con colegas o clientes. Para muchos, su trabajo se ha vuelto más colaborativo y fluido. Sin embargo, el impacto colectivo sigue sin estar claro. El uso es demasiado disperso e informal como para convertirse en una palanca estructurada para el rendimiento de toda la empresa.
Integrar la IA en el núcleo de la organización
Entonces, ¿cómo avanzamos? Cambiando de una mentalidad de uso individual a un enfoque basado en procesos. Porque lo que realmente permite la ampliación no es la tecnología en sí, sino cómo se integra en el engranaje existente de la organización. El objetivo es identificar las tareas que más tiempo consumen, las repetitivas o las de poco valor, y transformarlas en profundidad para que la IA generativa pueda desplegarse de forma estructurada.
Un importante banco francés, apoyado por Artefact, ya ha dado este paso. Al probar un agente de IA en los procesos de aprobación de créditos, redujo el tiempo de respuesta de un mes a una semana, eliminando los tiempos muertos, las validaciones redundantes y las búsquedas de documentos que requieren mucho tiempo. Las empresas que integran la IA en un marco estructurado registran aumentos de productividad de más de 30% en comparación con las que la utilizan de manera informal, ganancias que van más allá de las meras métricas de rendimiento, ya que mejoran la experiencia del cliente, liberan tiempo del equipo y refuerzan la colaboración entre funciones.
Y ahí es donde se produce la verdadera ampliación: cuando la IA ya no es sólo una herramienta personal, sino un motor de transformación organizativa. Este cambio también redefine la naturaleza del trabajo. El 75% de los usuarios afirman sentirse más autónomos. Uno de cada tres empleados afirma que ahora hace cosas que antes no podía hacer. La IA se convierte en un acelerador del aprendizaje, un facilitador de la movilidad, una herramienta para reinventar los roles y la dinámica de los equipos.
Pero eso no es todo: no se trata sólo de automatizar ciertas tareas a corto plazo para aumentar la productividad. La IA también debe considerarse una herramienta de aumento, una palanca para mejorar las competencias, ampliar la capacidad de toma de decisiones, crear nuevas funciones y apoyar transformaciones profundas y a largo plazo en la forma de trabajar. Corresponde a las empresas marcar el dial, en función de su visión estratégica: decidir qué debe automatizarse para liberar tiempo y qué debe aumentarse para potenciar a las personas.
Porque el reto fundamental no es cómo adoptar la IA, sino cómo adoptarla de forma sostenible, durante los próximos 10 a 20 años. Esto exige una visión a largo plazo y una inversión real en plataformas de aprendizaje y desarrollo de competencias. Lo que importa es construir la mano de obra del futuro, una que combine inteligentemente la experiencia humana con la potencia de las máquinas, y que esté preparada para adaptarse a los cambios radicales que se avecinan.

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